El día 29 de noviembre, se llevo cabo en el ESETP N°748 "Luis Piedra Buena" de Trelew, Chubut, una capacitación…
Marianela Pepe - Ganadora de la Beca para participar de la COP30 en Brasil
Desde muy chica, la relación de Marianela Pepe con el ambiente estuvo marcada por la observación y el asombro. Es oriunda de Junín de los Andes, y crecer cerca del Volcán Lanín le permitió ver con sus propios ojos cómo el glaciar se reducía con el paso del tiempo. Su mamá, profesora de Biología y Geografía, lo mostraba año tras año en sus clases. “Ahí entendí por primera vez lo que significaba el cambio climático”, recuerda Marianela. Aquella imagen la marcó para siempre y se propuso como norte no solo cuidar el ambiente y reciclar , sino principalmente entender los sistemas, investigar y participar activamente en las decisiones que definen nuestro futuro.
Esa curiosidad la llevó a construir un camino propio desde muy temprana edad. Participó en proyectos educativos y científicos en instituciones como el programa GLOBE (dependiente de NASA), CERN y EarthEcho International, donde entendió que desde la Patagonia también era posible producir conocimiento y tener voz en conversaciones globales sobre cambio climático. Esa mirada, que combina ciencia, divulgación y liderazgo territorial, se consolidó cuando empezó a trabajar en temas de transición energética desde la universidad. Allí comprendió que la energía no es solo una cuestión técnica, sino también social, cultural y profundamente ligada a los modos de vida.
Fue en un foro regional organizado por Sustentabilidad Sin Fronteras donde conoció el proyecto Energía Joven.Lo que la atrajo no fue solamente el aspecto formativo, sino su visión: entender la energía como una herramienta de justicia social, participación ciudadana y transformación comunitaria. Cuando Energía Joven abrió una convocatoria nacional para seleccionar a una persona que representara al proyecto en la COP30, Marianela sintió que era el momento de dar un paso más.
Su postulación se centró en la importancia de una transición energética que también sea justa en lo social y ambiental. Sostuvo que la juventud argentina no solo está sensibilizada, sino que ya vive los efectos del cambio climático en su propio territorio: incendios forestales, sequías y pérdida de biodiversidad son parte de su experiencia cotidiana. También remarcó que uno de los desafíos más grandes no es solo tecnológico, sino comunicacional: “Muchas veces el mensaje no llega, o llega distorsionado, y entonces pierde importancia. Si queremos una transición energética que realmente transforme, necesitamos saber comunicarla”, sostiene.
Por este motivo, su expectativa para la COP30 es encontrarse con un espacio de escucha real, donde los compromisos se transformen en acciones concretas y sostenidas en el tiempo. Desea que la cooperación entre países se fortalezca y que la participación juvenil deje de ser simbólica para convertirse en parte estructural de las decisiones.
Cuando recibió la noticia de que había sido seleccionada, sintió una alegría inmensa. Lo vivió como un logro personal, pero sobre todo como una oportunidad para llevar la voz de muchas otras juventudes que trabajan en silencio por un futuro sostenible, especialmente jóvenes del interior del país, que no siempre tienen acceso a los espacios donde se discuten las grandes decisiones. Para Marianela, ser líder joven no implica hablar más fuerte, sino representar con respeto, empatía y coherencia a quienes confían en ella.
Su mirada sobre los desafíos climáticos de Argentina y la región es clara: las políticas públicas deben ser inclusivas, participativas y adaptadas a las realidades locales. También defiende el papel central de la educación ambiental, la investigación y el acceso democrático al conocimiento. “Solo con información clara podemos tomar decisiones responsables”, afirma. En la COP30, su objetivo será convertirse en un puente entre los espacios globales y las comunidades locales, llevando aprendizajes, herramientas y nuevas formas de pensar la participación juvenil.
Mirando hacia atrás, recuerda a la niña que observaba la naturaleza con curiosidad, sacaba fotos, experimentaba con microscopios y hacía preguntas sin descanso. Ese impulso de descubrir y proteger, todavía la guía. Por eso, espera que su participación en la COP30 no sea solo un paso en su trayectoria personal, sino también una señal para otros jóvenes que creen que ciertos espacios son inalcanzables.
A quienes lean su historia, especialmente jóvenes del interior que dudan si “es posible”, Marianela les cuenta con determinación que: “Los sueños grandes se construyen paso a paso. No hace falta haber nacido en Buenos Aires o tener todo resuelto para empezar. Basta con animarse, con creer que se puede, y con rodearse de personas que te apoyen y te inspiren. La ciencia, la diplomacia y el cuidado del planeta necesitan miradas diversas. También desde lugares pequeños se puede llegar lejos”.



